La Asamblea de Boedo y la Salud para la Comuna
La Salud, como la educación, la justicia y la seguridad deben ser administradas por el estado y es el estado quien debe garantizar el libre acceso de los vecinos a estos derechos. En el caso de la salud el estado debe garantizar que la gente esté sana. Verdad esta de Perogrullo pero que vale proclamarla porque cuando desde determinados sectores se discute el rol del estado es necesario reafirmarlo.
Los hospitales públicos están en crisis desde hace muchas décadas. Curiosamente esta crisis comienza con la aparición de actores privados y el repliegue del estado en una actividad absolutamente desrregulada por la ausencia de leyes reglamentarias del derecho a la salud. Esta orfandad de leyes genera una clara contradicción: Mientras que la actividad privada (Clinicas, policonsultorios, laboratorios de análisis clínicos, centros de diagnóstico, etc.) necesitan tener clientes para subsistir, como corresponde a las mas elementales leyes del mercado, olvidan que en este caso ese “cliente” es una persona enferma. De esta manera el sistema privado de salud necesita para subsistir la existencia de la enfermedad. Entendiendo este punto vemos como la crisis de nuestros hospitales es funcional a la actividad privada. Es por esto que muchos sanitaristas llaman a este sistema como “sistema de enfermedad” en lugar de “sistema de salud”.
Por otra parte el estado, sabe que el trabajo de la medicina es prioritariamente procurar que la gente no se enferme y si este principio no se logra recién tratar y curar al enfermo. Pero no solo como principio elemental de un estado que busca el bienestar físico de su población, sino que un pueblo sano es un pueblo que trabaja, estudia y hace crecer la economía y desarrollar a la sociedad entera.
Como si esto fuera poco cuando un sistema de salud no previene la aparición de enfermedades los que tienen mayor acceso a la posibilidad de curarse son aquellos que aportan a su obra social o a su prepago dejando los hospitales abarrotados para las personas con menos recursos lo cual hace que el estado sea espectador de una desigualdad mas. Regulando, haciendo que el estado tome el rol que le toca, podemos garantizar la salud para todos y cada uno de nosotros sin importar los recursos con que contemos. Por otra parte, como ya decían nuestros abuelos siempre es preferible (mas barato) prevenir que curar.
En el ámbito de la comuna 5 (Almagro Boedo) no hay hospitales. Sería deseable que cada comuna tenga su hospital pero mientras tanto los hospitales existentes (en nuestro caso el mas cercano es el Ramos Mejía), deben tener centros de atención periféricos que descentralicen la atención de pacientes con las especialidades básicas (Pediatría, clínica, ginecología, etc.), laboratorio de análisis clínicos, Radiología y centros de vacunación haciendo mas digna la atención acortando la espera de turnos y fundamentalmente haciendo prevención, cumpliendo con los controles de salud de los chicos desde su nacimiento y en edad escolar. Para los adultos previniendo enfermedades como cardiopatías, cáncer de mama o próstata, etc.
En esta síntesis no pretendemos hacer un desarrollo de lo que por otra parte ya está inventado y se llama genéricamente “Programa de Atención primaria” que le debemos al Prof. Carrillo y que se aplican, en lo conceptual, casi de la misma manera en países como Inglaterra, Canadá, Cuba o China, con resultados tan buenos que sorprende que en muchos otros países se siga privilegiando al negocio de los laboratorios de especialidades médicas y a la medicina privada antes que a la población en general.
En relación a los hospitales públicos, proponemos que cada centavo de sus presupuesto tenga como destino la salud de la población. Proponemos que los vecinos fiscalicen el destino del dinero presupuestado y las autoridades del Hospital rindan cuenta periódicamente demostrando en que usaron el dinero y con que resultados.
El hospital deberá ser gratuito en la atención, en los estudios que se soliciten para diagnosticar y en los tratamientos. La administración del hospital público deberá detectar a los pacientes que se atienden en los hospitales y tienen obra social o prepago a efectos de poder facturarle a ellos el gasto de atención demandada y poder contar con ese dinero para reinvertirlo en mas salud.
Estos cambios no son otra cosa que la aplicación del sentido común, (campañas de vacunación, estimular la práctica deportiva, realización obligatoria de controles preventivos en adultos) pero para que sean efectivos son los vecinos los que deben controlar que se lleven a cabo y como se hacen. No podemos ser ingenuos y pensar que algo tan bueno no generará resistencia de quienes se enriquecen cuando Ud. o yo nos enfermamos.
Se debe regularizar las situaciones de las prepagas que nos ofrecen todo cuando estamos sanos pero cuando nos enfermamos aparecen límites en los días de internación clínnica o de terapia intensiva por año por afiliado, restricciones en la cobertura de ciertas enfermedades crónicas (Diabetes, Insuficiencias renales, S.I.D.A.), no cobertura en prótesis, odontología u oftalmología.
Las obras sociales de sindicatos deben alinearse con un proyecto de salud único, trabajando a la par del estado en la prevención, los chequeos obligatorios, la prescripción de medicamentos genéricos.
El estado debe hacer públicas las estadísticas de Mortalidad infantil, Morbilidad, desnutrición y demostrar como se reducen dichos índices para llevarlos a los mejores estándares internacionales.
Por último sabemos que el mejor remedio siempre es una buena alimentación en todas las etapas de la vida y que la salud no solo es solo del cuerpo, debemos ser un pueblo de personas fisica y mentalmente sanas para lo cual también debemos brindar dignidad a cada ciudadano.
En la argentina tendremos un pueblo sano, no solo cuando tengamos acceso gratuito a los mejores tratamientos médicos; deberemos tener un pueblo bien alimentado, con trabajo para todos, donde cada argentino pueda acceder a realizar sus propios sueños sin exclusiones.
Hasta aquí una síntesis de lo que debería ser. A continuación copiamos parte de los mails que recibimos a diario de quienes intentan defender la salud pública de determinados intereses políticos, económicos o simplemente basados en lo que la gente quiere oir y no en lo que fundado en principios básicos de igualdad social deberían ser.
Asamblea de Boedo
Insertamos aquí algunos comentarios, articulos, denuncias que pueden ser de su interés o al menos son de interés de para la salud pública.
Abril 2009
Firman
LA CRISIS MUNDIAL EMPOBRECE Y MATA.
José Carlos Escudero.
Por primera vez en 80 años, la crisis mundial se origina en el centro del sistema mundial, en Estados Unidos y, como en 1929, envuelve a todo el mundo: todos sufrimos sus efectos, aunque no hayamos tenido nada que ver en su gestación. Su causa inmediata fue la desregulación del mercado financiero – donde nuestro país fue pionero, con Martínez de Hoz en 1976 y con Cavallo actuando con los militares, Menem y de la Rua . Esta desregulación, iniciada hace décadas en Estados Unidos y acentuada en los últimos años , generó una enorme burbuja especulativa que comenzó estallando en las hipotecas inmobiliarias, pasó al sistema bancario, y está empezando a sentirse donde más daño va a hacer: restringiendo los consumos y aumentando la pobreza de miles de millones de personas en todo el mundo. Al tener que volverse más austera , la clase media consumista va a comprar cada vez menos mercancías , útiles o inútiles, y se va a frustrar; en cambio los pobres van a comenzar – ya han comenzado – a comprar menos comida y se van a morir más, seguramente ya están comenzando a hacerlo.
No poder comer todo lo que se necesita, en cantidad y calidad, tiene muchas malas consecuencias y, al ser el alimento casi siempre una mercancía los pobres sufren esto especialmente, ya que casi todo su ingreso se destina a comprarlo. Los niños de madres desnutridas suelen nacer con bajo peso, si su desnutrición se mantiene tras el nacimiento enlentecen su crecimiento y desarrollo, resultan de baja estatura, tienen una maduración sexual más tardía, tienen mucha más anemia, experimentan dificultades en el aprendizaje y suelen tener ( por una combinación de desnutrición y la baja estimulación que acompaña a la pobreza ) menor desarrollo intelectual. La desnutrición debilita los sistemas inmunitarios, con lo cual los pobres se enferman más veces, con enfermedades que evolucionan con mayor gravedad, todo lo cual aumenta a todas las edades la probabilidad de morir. Aunque carecemos de cifras, se puede estimar para Argentina que la mortalidad infantil de nuestra población más pobre triplica a la de la población más rica, y que su esperanza de vida debe probablemente ser veinte años menor.
Por añadidura , en los países donde el neoliberalismo ha golpeado más fuerte – el mismo neoliberalismo que ha creado esta crisis- el acceso a bienes sociales se ha visto cada vez más dificultado a los pobres; en Argentina el sistema educativo gratuito se ha desfinanciado, con lo cual la calidad educativa está cada vez más asociada a escuelas pagas, especialmente en el secundario; el acceso a una buena salud gratuita se ha vuelto más dificultoso; el deterioro del transporte público golpea especialmente a los pobres que lo utilizan, y acicatea a la clase media a comprar autos, con lo cual los accidentes y las demoras en las calles y carreteras, y los costos para la toda la sociedad y la contaminación ambiental aumentan. Ser pobre no conviene a los pobres, pero las consecuencias sociales de la injusticia de su existencia se derraman a toda la sociedad, afectando inclusive a los clasemedieros egoistas que despotrican contra ellos.
La crisis mundial está teniendo otras implicaciones. El país que hasta ahora ha sufrido más sus efectos , Estados Unidos, está viendo situaciones que los argentinos tenemos bien conocidas desde el golpe del 76 , las hiperinflaciones ,y el estallido de nuestra propia burbuja del 2001: el empobrecimiento masivo, la licuación o por lo menos la significativa reducción de los fondos para jubilación , de ahorros y de ascenso social para los hijos, ( tengamos en cuenta que en ese país la universidad es privada y cara , y tener fondos para pagarla era un gran acicate al ahorro de la clase media ), el desempleo que ha comenzado a subir , en un país donde los empleos son excepcionalmente precarios y las tramas sociales de contención son excepcionalmente débiles . Todo esto está aumentando el miedo colectivo ante lo que se está viniendo. Los norteamericanos más pobres han empezado a comer más barato y peor, a acceder menos a la atención médica, pero todos , pobres y clase media , están seguramente teniendo más insomnio, más enfermedades psicosomáticas, más hipertensión. Esto comienza a observarse en otros países a medida que la crisis se extiende. Esperemos que en los demás países haya más sensibilidad social y más políticas de Estado que busquen la justicia social que en el Imperio.
Veremos que sucede en Argentina. Esta crisis es un buen momento para que se suba la apuesta hacia más justicia social a través de políticas de Estado activas, no solamente para minimizar su efecto entre nuestra población más vulnerable, sino para fortalecer, en los movidos y quizás terribles tiempos que vienen, un bloque popular que enfrente a nuestros neoliberales y a nuestros darwinianos sociales . Van algunas pocas sugerencias, las primeras de lo que debería ser una larga lista
- Aumentar muy significativamente la oferta gratuita de salud por parte de nuestro sistema estatal: nacional, provincial y municipal.
- Ofrecer en pocos años doble escolaridad a la totalidad de los alumnos del sistema educativo primario estatal y gratuito.
- Ofrecer contención institucional gratuita a todos los niños de más de dos años , y hasta que entren a la escuela primaria
- Aumentar el poder de compra de los pobres, o por lo menos impedir que se deteriore: procurar más trabajo en blanco, impedir despidos.
- Repartir mejor el trabajo existente, restringiendo las horas extras y combatiendo la autoexplotación que los pobres utilizan como estrategia de supervivencia.
Todo esto va a requerir mucho dinero, y el uso de mucho poder político. Para lo primero…el actual consumismo cholulo de nuestras clases media y alta muestra que en Argentina hay mucha riqueza, que no se usa en beneficio de los pobres. Para lo segundo…la historia está llena de ejemplos que demuestran que la aplicación de justicia social cambia la correlación de fuerzas en cualquier sociedad, a favor de los desposeídos.
La Asamblea de Boedo tuvo el honor de contar con el Dr. José Escudero en una Radio abierta dedicada al tema de la Salud en el año 2008. Al pie de estas líneas, copiamos un reportaje que le brindara al periódico Acción en Marzo del 2009.
ENTREVISTAS:
JOSÉ ESCUDERO
La salud como derecho universal
Por qué en educación estamos empezando a ser estatistas y
keynesianos y en salud seguimos siendo rotundamente neoliberales?», se pregunta
José Escudero a modo de queja porque no encuentra espacios de debate sobre la
situación sanitaria. «Nos faltan intelectuales, es notable la debilidad en ese
sentido del ambiente de la salud, a diferencia de otros sectores de la sociedad
argentina», afirma este médico sanitarista y sociólogo, volcado actualmente a la
vida académica. Profesor titular en las universidades nacionales de Luján y La
Plata, docente invitado de otras instituciones y director de tesis, Escudero
estudió en Argentina, Chile y Estados Unidos, fue funcionario oficial, trabajó
en metodología, medición de enfermedades y estadísticas sanitarias, y se
desempeñó como profesor universitario en México. Polemista vivaz y apasionado,
explica con entusiasmo su propuesta de un sistema de salud estatal, universal y
gratuito para toda la población como única alternativa para democratizar el
acceso a los cuidados sanitarios, evitando la incidencia de los fortísimos
intereses económicos que transformaron un derecho humano esencial en un producto
que se vende a precio de mercado.
CONTRADICCIÓN. Para Escudero la gestión de Ocaña tiene
luces y sombras: apoyo a la fabricación estatal de medicamentos contrapuesto con
altos índices de mortalidad infantil.
–¿Cómo analiza la política sanitaria actual?
–Tengo una contradicción,
porque estoy de acuerdo en algunas cuestiones con el Gobierno, pero no puedo
dejar de señalar que la política sanitaria de Ginés González García, era
totalmente neoliberal. Nunca reclamó aumento del presupuesto estatal y cuando
quiso financiar programas lo hizo a través de organismos de créditos
internacionales, lo cual supone más deuda externa, consultorías, asesorías,
etcétera. El Programa Remediar, quizás el más renombrado de su gestión, se
implementó de esa forma. Pero, por otro lado, hizo algo muy bueno: pelearse con
la Iglesia Católica, defendiendo derechos reproductivos, que las mujeres
pudieran decidir acerca de su cuerpo, hablando, incluso, de despenalizar el
aborto, algo que los políticos en general, que suelen ser especialmente miedosos
con este tema, jamás dirían. De todos modos, creo que Ginés fue muy hábil en el
manejo de medios, hizo mucho ruido, pero fue el peor ministro del gobierno de
Néstor Kirchner.
Ahora con Graciela Ocaña
están ocurriendo, también, cosas contradictorias. La ministra viene generando
algunas iniciativas interesantes, entre ellas, sostener que el Estado debe
fabricar medicamentos. En oídos de las multinacionales del sector esas
declaraciones suenan totalmente amenazadoras. La industria del medicamento ya
debe estar haciendo lo posible para desplazarla. La ministra no sólo habló de la
fabricación estatal, sino que además se sacó una foto con el gobernador Hermes
Binner, en la inauguración de una planta estatal de medicamentos en la provincia
de Santa Fe. Esto demuestra que lo toma muy en serio. Respeto mucho, entonces,
lo que está haciendo en este plano, ya que el gasto en medicamentos se lleva la
tercera parte del total, y es el gasto más innecesario de toda la salud pública.
Pero por otro lado, la
mortalidad infantil y esperanza de vida continúan siendo una vergüenza, y la
oferta estatal gratuita de salud es lamentable ante las necesidades que hay.
–Es decir que surgen líneas de ruptura pero también de continuidad del
modelo neoliberal.
–Exacto. La línea de
ruptura potencial, además, es muy importante porque se trata de un área
políticamente muy caliente, como es esta de fabricación pública de medicamentos
que permitiría que diferentes organismos del Estado: universidades, fuerzas
armadas, talleres protegidos, provincias, municipios, fabriquen medicamentos que
van a tener mejor calidad, en promedio, de lo que ofrece la industria privada, y
obviamente serán mucho más baratos.
–¿La política de medicamentos del gobierno de Néstor Kirchner no
significó un avance con la prescripción por nombre genérico?
–Fue algo retórico y
absolutamente menor. En una política seria de medicamentos no se habla de
genéricos sino de medicamentos que tengan valor científico, que no causen
efectos colaterales serios y que demuestren que son mejores que los que
reemplazan. La industria del medicamento, cuando se vencen las patentes, debe
generar nuevos productos patentables. Allí están las ganancias, y para hacer eso
viola todo tipo de normas éticas. El capitalismo en medicamentos, en general,
cada vez es más trucho, no solamente en los países periféricos.
–¿Esto tiene que ver con la incidencia de la publicidad de productos que
no son necesarios?
–En salud se pone en juego
un imaginario muy fuerte, el deseo de estar sano, el miedo a estar enfermo, la
paranoia, la hipocondría. Si usted lo manipula mediáticamente, logra gente
sensible a comprar cualquier cosa. El siguiente paso es ofrecerle cualquier otra
cosa. Hay violaciones éticas groseras que convierten a la ciencia en baratija.
La salud aprieta el botón del imaginario.
Con la alimentación pasa
lo mismo, la televisión aconseja que la gente consuma lo que no sirve, productos
que tienen alto valor económico, pero bajo valor nutritivo. Moraleja, no compre
nada de lo que le ofrecen en la tele, es la lógica capitalista aplicada al
mercado alimentario.
Ciertos comunicadores a
los que les pagan para decir determinadas cosas en la televisión, junto con la
publicidad, conforman el manejo mediático de los temas de salud... Por dar un
caso, si un niño no recibe un trasplante de hígado, si aparece o no el órgano,
llena los espacios de televisión, mientras todos los días mueren, por lo menos,
15 niños en la Argentina por causas que se podían haber evitado. Eso se silencia
totalmente. Argentina registra 5.000 muertes infantiles más que Cuba por año, y
Cuba no es un país rico, simplemente es un país que tiene una política sanitaria
buena. Esos pibes, nuestros pibes, se mueren en silencio.
–¿Se puede decir que hay enfermedades inventadas?
–Hay muchos casos
inventados, por ejemplo, el tema de los chicos hiperactivos. Actualmente hay
visitadores médicos que, además de hablar con los médicos, van a ver a maestras
para que localicen a los chicos hiperactivos, luego les ofrecen un médico
vinculado con el tema que les refuerza el diagnóstico y medican a los niños.
Tendrían que ir presos por hacer eso, que lamentablemente es moneda corriente.
El capitalismo tiene
recetas para cada problema de salud, real o inventado, y lo que une a todas las
recetas es la capacidad de generar beneficios para las grandes empresas. Las
alternativas por fuera de ese esquema, que en general son más baratas, más mano
de obra intensivas, más constructoras de ciudadanía, más contenedoras y más
eficaces, se ningunean en los aparatos de comunicación, cuyos mensajes llegan a
invadir la academia, las asociaciones profesionales, los espacios de los
trabajadores, la investigación, el ambiente cultural y el imaginario de la
sociedad.
Para luchar contra la
aterosclerosis, por caso, se pueden ingerir fármacos, pero también se puede
caminar mucho. En este tema actúan con mucha fuerza en los congresos científicos
de cardiología y medicina interna, que suelen realizarse en hoteles caros
ubicados en lugares con atractivos turísticos. La industria suele pagar las
matrículas y los viajes de profesionales a estos congresos, y como toque
adicional, sofisticado, a veces pagan la estadía de acompañantes de los
afortunados congresales.
El sida fue la gran
epidemia del final del siglo XX no tanto por su impacto objetivo, ya que la
desnutrición mata mucha más gente, sino por su repercusión en el imaginario.
Para combatirlo puede enfatizarse la prevención, mediante el uso de
preservativo, el reemplazo de jeringas, la educación sexual. Pero la respuesta
del mercado son los fármacos. Quienes plantean la primera opción, deben pelear
contra el gobierno norteamericano y sus voceros locales, que se oponen a la
reducción de daños y con la Iglesia Católica que rechaza los preservativos y la
educación sexual.
Si la diarrea infantil es
un problema, una intervención posible es la provisión de agua potable y de
cloacas en todas las viviendas, otra es la inmunización de sus habitantes contra
el germen de alguna de esas diarreas. Esta última es la que le interesa a la
industria.
Está todo inventado. El
95% de las patologías se solucionan con tecnologías simples, con universalidad,
presteza de atención, contención, medicamentos esenciales.
–¿Cómo definiría el sistema sanitario ideal?
–El sistema deseable es en
primer término universal, es decir, entra todo el mundo y usted no puede decir
quién accede y quién no. Un ejemplo: Estados Unidos tiene el peor sistema de
salud del planeta, con millones de personas controlando si los pacientes pagaron
la prepaga. Si el sistema es universal, no hay controles, por eso tienen un
costo administrativo tan bajo. Entonces, el sistema de salud tiene que ser en
principio universal, en segundo término gratuito, que nadie pague con plata del
bolsillo, y tercero, que sea financiado con las rentas generales del Estado. Así
fue en una época en la Argentina. Si uno hace un estudio de la historia de los
sistemas de salud, en Argentina en 1946, con Juan Domingo Perón en la
presidencia y su ministro Ramón Carrillo, hubo un sistema universal. Antes que
en los países centrales. Por caso, el famoso sistema de salud británico nació
unos años después. Lo interesante es que en los países capitalistas centrales,
esto lo destaco especialmente, si bien mandan los mercados en casi todos los
órdenes, la atención de la salud la brinda el Estado o es severamente controlada
por el Estado. Eso quiere decir que son países capitalistas pero tienen un
sistema de salud al menos socialdemócrata.
–Cuando en la Argentina existió ese esquema, ¿se reflejó en los
indicadores sanitarios?
–La tasa de mortalidad
infantil bajó en ocho años entre diez y doce puntos. La Argentina redujo la
prevalencia de paludismo más rápido que Estados Unidos, y Carrillo duplicó la
cantidad de camas en pocos años. La clave fue, además de Carrillo, que Perón le
dio un cheque en blanco, disponía de muchos recursos y los aplicó muy bien.
Hospitales modulares fáciles de construir, fabricación estatal de medicamentos,
creación local de tecnología, mucha capacitación. Aquella política de salud fue
excepcional. Argentina luego retrocedió. La tendencia de la mortalidad infantil
respecto de otros países de América latina y el Caribe fue clara: en 1953 sólo
uno de estos países tenía una tasa menor que la nuestra, Uruguay. Medio siglo
después, en 2003, nos superaban siete, entre ellos, Cuba, Barbados y Trinidad y
Tobago.
–¿Cómo funciona la industria de los medicamentos en los países que
cuentan con programas de salud a los que usted llama socialdemócratas?
–Está severamente
controlada, no tanto como se debería pero con un Estado fuerte que las controla
en serio. Parte del juego del Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial y la
Organización Mundial del Comercio es evitar el Estado nacional, «periferizar» la
solución de los problemas. Para ser más claro, no Nación, sí provincia; no
provincia, sí municipio; no municipio, sí ONG, según se pueda. Porque el Estado
tiene aunque sea el peso potencial para enfrentar a la lógica capitalista.
Fíjese qué interesante lo que ocurrió en Sudáfrica. Cuando salió del apartheid
ese país decidió producir medicamentos para atender el sida sin pagar patente,
lo cual está previsto para situaciones de emergencia sanitaria. Hasta Estados
Unidos apeló a ese mecanismo cuando se asustaron por los casos de ántrax en
2001. Recuerdo que cuando Sudáfrica se mandó esa patriada, realmente pensé que
les iban a torcer el brazo. El apriete llegó hasta con la presencia del
vicepresidente de Clinton, Al Gore, quien se costeó hasta Pretoria para decirles
a los sudafricanos que terminaran con eso. Pero Sudáfrica resistió ante las
presiones y la industria tuvo que ceder. Esto demuestra que tiene que ser el
Estado el que intervenga. No hay otra manera de pararlos, son muy fuertes, el
gasto mundial en salud puede rivalizar en monto de inversiones con los de
energía y defensa. Pero en términos de beneficios, los supera. Esto explica la
extraordinaria capacidad de lobby que tienen.

–En ese marco, ¿cómo se construye un escenario en el que la
implementación del sistema universal y gratuito que usted promueve no resulte
una utopía?
–El tema de salud es un
legitimador político. Hay que implementar un gasto con mano de obra intensiva y
no capital intensivo. Un gasto que no dependa de construcciones e instalaciones
físicas, porque eso demora mucho tiempo, sino que se aumente la oferta
ambulatoria inmediatamente, agregando trabajadores de salud en la calle, así se
comienza a acumular poder político para cuando venga el sabotaje. Ese sabotaje
comienza tres horas después de que se lanza el plan. Recuerdo una anécdota:
estuve en Vietnam después de la liberación, yo trabajaba en ese momento en la
universidad mexicana, y me reuní con el viceministro de Salud vietnamita. Él me
dijo: «Cuando queríamos hacer avances territoriales –estoy hablando del
movimiento de liberación– primero mandábamos cuadros sanitarios, después
mandábamos cuadros políticos, y al final, cuadros militares».
–¿Es decir que más importante que construir hospitales es incrementar la
planta de profesionales de la salud?
–Claro, hacer lo que hizo
Sarmiento en el siglo XIX. Cuando Argentina crea el sistema laico de educación
universal, contra la opinión de la Iglesia Católica, lo que hace es aumentar el
recurso humano que brinda educación. En ese momento el gobierno federal de
Sarmiento tenía plata para pagar sueldos altos a maestros de la provincias
pobres, y lo hizo.
En salud hay un
equivalente que es el siguiente: pagar mano de obra en las provincias con una
contrapartida de acciones del gobierno provincial para aumentar la oferta
gratuita mañana, tarde y noche, duplicando las horas de oferta para la gente que
trabaja en esos horarios. Eso activa mucho la demanda existente, se atiende
mejor y aparece la demanda que estaba oculta, que no va al hospital porque saben
que los van a atender mal, que le dan turnos para el año que viene. Si usted a
esa demanda oculta que se hace ostensible le da contención, atención y le agrega
medicamentos esenciales baratos, no necesita grandes sumas de dinero y, además,
moviliza trabajadores de salud. Eso hace que la gente se sienta conforme y es la
base para la creación de la trama de poder político. Se puede dar un ejemplo
concreto y cercano de acumulación en este sentido. El mejor sistema de salud
público en la Argentina está en Rosario, y le permitió a Binner llegar a la
gobernación. Él comenzó siendo secretario de Salud, luego fue intendente y ahora
está al frente de la provincia. Su bandera principal en los inicios fue el
sistema de salud rosarino, que más allá de sus limitaciones, sobresale en el
marco nacional.
–¿Nuestro país cuenta con recursos humanos para aplicar un esquema de
ese tipo?
–Sí. En Venezuela, Chávez
tuvo que importar médicos de Cuba. A Argentina, en cambio, le sobran recursos
humanos porque el sistema educativo es excepcionalmente generoso en formar
gente, mejor que ningún otro de América latina. Argentina dispone de médicos,
enfermeros y trabajadores sociales que constituyen una sólida base para encarar
un programa de esta naturaleza.
Por falta de acceso a un
sistema de salud gratuito mucha gente se enferma en vano y cualquier enfermedad
es más compleja de lo que debería ser. Hay un escaso acceso a una oferta estatal
gratuita, la necesidad es mucho mayor que la demanda, y encima la demanda es «bicicleteada».
Aún para patologías severas le dan turnos a los dos meses, por ejemplo. Y ni
hablar si se trata de una dolencia menor. Todo esto contribuye a que Argentina
tenga una tasa de mortalidad muy alta. Habría que aumentar la oferta e ir
solucionando los cuellos de botella en la medida en que se presentan. Uno tiene
que empezar haciendo un golpe de oferta, de esa manera, insisto, impide el
sabotaje. Si en una provincia se tienen 30.000 trabajadores de salud nuevos y se
plantea sabotear ese programa por parte de los sectores concentrados, los
trabajadores van a protestar porque deben defender su puesto de trabajo.
–Me sorprende que no sea prioritaria a su juicio la construcción de
nuevos centros de salud, pero que critique la falta de acceso de mucha gente a
una mínima atención médica.
–Yo digo
que no hay que comenzar por allí. Cuando se hace un hospital, se tarda no menos
de dos años. Y para cambiar esta situación de raíz hace falta un gran impacto
transformador, que evite que lo boicoteen, por eso hay que tener a la gente
trabajando en la calle, rápido. Por supuesto, cuando comiencen a aparecer las
patologías que están ocultas se van a necesitar muchas más camas. Porque hay
mucha gente que se cansa de esperar un turno o no tiene los medios para llegar
al hospital y abandona tratamientos, etcétera. Si se aumenta la oferta uno se va
a encontrar con gente que antes no iba. Por eso, claro que hacen falta más
hospitales, pero primero hay que cambiar de raíz la política sanitaria.
Jorge Vilas
Foto: Horacio Paone